Por una paz de verdad
- Vie, 24 mar 2017
Este 24 de marzo conmemoramos el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, en medio de la esperanza de poner fin a la guerra y la expectativa de profundizar el proceso de reparación integral a las víctimas, en el contexto de los grandes cambios institucionales y sociales que debe traer la aplicación de los acuerdos de paz.
Este día fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el propósito de promover la memoria de las víctimas de violaciones graves a los derechos humanos, de resaltar la importancia del derecho a la verdad y la justicia, de rendir tributo a quienes han dedicado su vida a la lucha por promover y proteger los derechos humanos y a quienes han perdido su vida cumpliendo su misión de proteger los derechos de los demás.
Por eso la Defensoría del Pueblo hace un llamado hoy a todas y todos los colombianos para que tomemos conciencia de las más de 8 millones de víctimas que ha dejado la guerra, del sufrimiento de los millones de desplazados, del vacío en el corazón que sienten las cientos de miles de familias que perdieron un ser querido, del dolor de las miles de personas mutiladas por la guerra, del agravio en el alma que sienten las mujeres abusadas sexualmente, de la angustia infinita de las madres que aún esperan a miles de hijos desaparecidos, del desarraigo inhumano de los refugiados y de la injusta miseria de territorios enteros, condenados al subdesarrollo por la guerra. Que en Colombia, tan sólo en los últimos 14 meses, hayan sido asesinados más de 120 líderes y líderesas sociales, debería ser motivo de luto nacional, de rechazo generalizado y motivo más que suficiente para colocar todos nuestros esfuerzos en poner punto final a la guerra.
Pero ¿qué significan la verdad y la memoria histórica y por qué son tan importantes para la reparación integral de las víctimas y la reconciliación nacional? Al respecto vale la pena traer a colación lo que el filósofo italiano Giorgio Agamben descubre al notar que en latín hay dos palabras para referirse a un testigo: “Testis”, que es un tercero neutro en un litigio entre dos partes, y “Superstes”, que es quien vive personalmente un episodio y puede dar fiel testimonio de lo ocurrido, esto es, contar su verdad. De Superstes deriva la palabra sobreviviente, que es una de las formas de llamar a las víctimas, aquellas que no pueden olvidar, que sienten la trágica necesidad de que se conozca la verdad, de recordar la historia, de no permitir un olvido con sabor a impunidad, porque solo al hablar de lo sucedido pueden canalizar su angustia hacia la comprensión e intentar continuar con sus proyectos de vida truncados por la violencia.
La verdad por esto representa un derecho para las víctimas, derecho que las dignifica y reivindica, una verdad reparadora que va más allá de la verdad judicial, verdad que les pueda ayudar a comprender lo sucedido y a llenarlos de motivos para continuar con sus vidas. Memoria y verdad que debemos asumir como sociedad para poder ver que las víctimas no lo son de un actor o un hecho violento determinado, sino que son víctimas de la suma de relaciones de poder económicas, políticas o culturales que van más allá del hecho o el actor armado, relaciones que hay que evidenciar para poder avanzar hacia una sociedad más justa y en paz, en donde todo el horror de la guerra jamás vuelva a suceder.
Por eso la memoria es un proceso, donde debemos privilegiar la verdad de las víctimas para que luego la sociedad asuma dicha verdad, la asimile y la acepte. Y posteriormente elija qué hacer con dicha verdad, esto es decidir usarla para la comprensión y superación de lo sucedido, parando los ciclos históricos de violencia; o, por el contrario, usar dicha verdad para encender nuevos ciclos de venganza y violencia, lo cual, lastimosamente en Colombia parece ser el empeño de ciertos sectores que alimentan sus agendas políticas con proyectos de memoria basados en odios y venganzas.
Además, mientras los medios de comunicación masiva den más espacio y visibilicen más a los victimarios, que a las víctimas, la verdad y la memoria histórica van a estar falseadas, y la verdadera reconciliación banalizada por abrazos vacíos y faranduleros de guerrilleros y paramilitares con sus víctimas. Mientras escuchemos más las cómodas y vociferantes voces en contra de la paz y no el clamor de las víctimas por parar la guerra, estaremos condenando a un conflicto armado perpétuo y a la barbarie de la violencia a las presentes y futuras generaciones.

